Llego tarde, lo se, pero es que no he podido resistir la tentación de continuar el relato de mi hermanita susurros de tinta.
Te acercas a mí sigiloso, casi sin
respirar y te llevas mi dedo a tú boca.
Sin mediar palabra, me coges de la
cintura y me besas mientras siento estremecer todo mi ser.
Poco a poco te acercas a mi cuello y lo
recorres con tú lengua recogiendo mis gotitas de sudor.
-Cariño- Me susurras con tono
travieso. -No vamos a reventar el termómetro, vamos a derretirlo.
En ese mismo instante y sin dejarme
mediar palabra, comienzas a besarme como si fueras a comerme,
mordisqueando mis labios con ardiente pasión fundiendo tú boca con
la mía.
El calor del cuarto es insoportable,
pero apenas lo siento, sólo quiero que me hagas el amor, que me
poseas, que me devores, que nuestros cuerpos se fundan y se
conviertan en uno solo.
Como animales salvajes nos denudamos
arrancándonos la ropa y nos dejamos caer en el suelo.
-Cariño- te digo. - Estás ardiendo-
-No amor- me contestas. -Todavía no,
pero tranquila, que todo llega-
Con tú lengua comienzas a recorrer
todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo deteniéndote en él.
Con una suavidad exquisita, siento como
lo lames, lo besas y lo degustas hasta llenarte de mi elixir.
Quiero moverme, pero no me dejas. Tú
sonrisa juguetona y traviesa me dice que lo mejor está por llegar.
Me tomas por la cintura y me penetras
disfrutando mi cuerpo primero tiernamente y luego aumentando la
intensidad hasta hacerme gritar con tus brutales y deseadas
embestidas.
Como puedo, tomo las riendas y me pongo
encima tuyo. Tocas mis senos y acaricias mi cuerpo con tus manos
mientras yo me agito llena de placer....
Nuestro orgasmo no se hace esperar.
Primero yo y después tu explosión de placer.
Voy contracorriente, a veces me dejo
llevar, a menudo elijo un camino y otras veces, decido por el viento, el mar,
la naturaleza que domine y me guíe por su cuerpo, y a veces deliro cuando creo
que moriré si no te veo.
Con la mochila vacía, con la cara
demacrada, con el silencio como amigo, veo mis recuerdos guardados en un
frasco, pero sé que algún día, un mensaje en una botella, llegara más allá de
la frontera, para disfrazar mi miedo, y un buen día el vendrá para llevarme a
su lecho, y un leve susurro cantará y yo me dejare llevar...
Desastre en mi corazón, y en mis
pensamientos..., se derrumban mis sentimientos.
Nadando por un mar vacío, con el corazón
en otro lugar, lejano, desconocido, no hay vuelta atrás.
Te dejé ir de mi vida, pensé seguir
viviendo el sueño, pero olvidé el sueño para vivir, quise ser feliz, pero al
matar mi sueño murió mi voz,
También mi dolor, pero sobre todo el
amor.
Huracán en mis deseos, la brisa mueve mi
cabello, parece que el viento quisiera arrancarme la piel, el sol daña mis
ojos, mi mirada se desdibuja en el horizonte, me dices que estoy perdida... en
realidad, solo relleno vacios, sin jamás saciar mi sed...
En este mundo loco y racional, siento
demasiado, y mi corazón late muy rápido, tanto que no se lo que es la espera, y
que no puedo esperarte, que no me espero ni a mí...
Discuto con mi corazón, converso con la
luna, lloro con el mar, me consuela una estrella...es una nube mi cama, y mi
calor el puro sol.
Tengo sed de besos, locura transitoria
por echarte sin querer de menos, tocarte acariciarte y dormir bajo tu piel,
sentir tu respiración muy cerca.
Ábreme la puerta de tu cama, la ventana a
tu cuerpo y arráncame un abrazo...
Arden mis ojos, y se pierden en una
laguna de nunca...mi locura...
Mis querid@samig@s. Os debo a todos una disculpa. La última vez que participé en los jueves, no pude responder a vuestros comentarios ni comentar vuestras entradas ya que tuve una lesión en el hombro que me dejó con una sola mano disponible. Poco a poco la lesión parece que remite, aún está aquí conmigo, la cuesta mucho abandonarme, se conoce que me ha cogido cariño, pero por lo menos ya puedo disponer de mis dos brazos y manos. Os mando un beso enorme a tod@s.
En el cine siempre ganan los buenos, aunque sean feos y
artríticos. Quiero decir, que la rubia de ojos azules a la que esperaba Daniel
que se encontraba al otro lado de la calle asido a un ramo de flores no debería
ser tan inaccesible como parecía, pues él era el bueno y ésta era su película,
más y cuando por la mañana ella había aceptado su propuesta sin torcer el
gesto, regalándole una de aquellas
sonrisas que solo saben pronunciar las brujas, la más deseable de las cuales se
acercaba en ese preciso momento moviendo de un lado a otro sus apetecibles
caderas y su falda minúscula para deleite y disfrute de aquella camada de
taxistas que esperaba, frente a la estación de tren, que salieran los turistas
para darles “una vuelta” por Burgos
Cuando le pidió dinero a cambio del sexo Daniel no podía
creer lo que oía. Es decir: ¿acaso no trabajaba ella en un banco?, ¿qué
demonios hacía metida en la prostitución? Cuando recuperó el pulso y el habla
expresó nuestro amigo su indignación pero ella seguía a lo suyo. “Acepto
tarjeta de crédito”, concluyó mientras se vestía.Cuando el buen hombre la sacó,ella trató de ofertarle una Visa Oro. “con
grandes descuentos para usted, faltaría más”. “Cortesía del banco” añadió, “y
de su director, que también le tiene en buena estima”.
“Si quieres”, añadió por compasión ante el gesto
circunspecto de Daniel, “el fin de semana podemos quedar de nuevo. Fuera del
horario de oficina hago descuentos, más aún en tallas pequeñas”.
Con una nueva punzada
en el corazón se despidió el hombre de la puta, que volvía a su casa feliz y
radiante y con doscientos euros más en su cuenta corriente. Salió del motel sin
renunciar a aquella sonrisa ni a la comisión por haber contratado una nueva
tarjeta de crédito. Daniel, sin embargo, siguió en la habitación sumido en la
penumbra,con los pantalones bajados y
con pocas ganas de subirlos.
Tardó un mes en volver al banco y cuando lo hizo, ella
pareció no reconocerlo. Tras sus gafas de ejecutiva y su atractiva pose ahora
no veía a una bruja, como antaño, sino a una arpía, incluso cuando con su dulce
voz le decía que el contrato de su hipoteca ya estaba aprobado a falta de los
rigores de la firma y de una última reunión con el director que, cortésmente,
ya le esperaba en su despacho.
El director del banco también se mostró radiante al
estrecharle la mano a Daniel, más aún cuando le ofreció su pluma para que
firmara aquel contrato maldito que hipotecaba su futuro no menos de cincuenta
años. Cuando el director sacó el tarro de vaselina y lo puso sobre la mesa,
intuyó nuestro amigo el siguiente paso.
“Cuando quieras
terminamos de formalizar el contrato”, rumió el director con un deje embebido
de lascivia.
Y, entonces,Daniel
se dio la vuelta, agachó el orgullo, y apretó los dientes entre sí con tanta
fuerza y aguante como pudo. En fin, cuando de niño soñó que sería protagonista
de una de aquellas películas que veía por la tele nunca pensó que lo sería de
una de Ken Loach.
Tú eres un ángel y yo
una bruja con apariencia de diablesa. Tú te emocionas con las películas
románticas y yo, reparto mi corazón entre el baile y las ciencias ocultas. Tú anhelas
escapar de la ciudad a un sitio más tranquilo y yo, amo las ruidosas calles en
las que he crecido. Tú sueñas despierto
y yo, vivo de noche. Tú lloras en silencio y yo, no lloro nunca.
Tú eres demasiado perfeccionista y yo, no soy muy amiga del
orden. Tú piensas en nuestro futuro yyo,
me limito a nuestro presente. Tú eres de carne y yo, prefiero la verdura. Tú
odias mis pócimas y mi escoba y yo, jamás he pensado en deshacerse de ellas. Tú
te pasas las horas leyendo y yo, sólo leo para memorizar conjuros. Tú te
deshaces en un mar de confidencias
yyo, me lo callo todo. Tú eres un niño
bien y yo, no encajo en tus fiestas pero no me importan las opiniones de fuera
ni los comentarios hirientes.
Nuestras discusiones nacen y mueren entre todo aquello
que compartimos. Un día de playa, el olor a chocolate caliente, el beso más
inesperado, la reconciliación más dulce, la complicidad de una mirada. Somos
polos opuestos condenados a amarnos más allá de nuestras diferencias. Nuestra
vida es un eterno duelo, siempre confrontados, dudando a veces de nuestra
relación, nunca aprendiendo a separarnos del todo. No compartimos metas, ni
gustos musicales, ni creencias, ni siquiera la misma visión del mundo. Nuestros
ataques tienen siempre un contrataque. Nuestro proyecto de vida en común es realmente
arriesgado pero merece la pena intentarlo. Porque el amor puede ganar la última
y definitiva de las batallas. En el fondo, ambos somos uña y carne, enamorados
de aquello que a cada uno le falta y que encuentra en el otro. Tú te mueres por
mis besos y yo, me muero por dártelos.
Esta mañana
me he ido a tomar un café a un sitio nuevo que han abierto cerca del centro.
Todos los días paso por la puerta y siempre digo que voy a entrar pero nunca lo
hago. Así que esta mañana he sacado un
ratito y he ido.
Es curioso,
no me había fijado en el nombre del bar. (Seguro que si llego a fijarme no me
hubiera pasado lo que me ha pasado…)
He entrado,
me he sentado en la barra, ya que curiosamente el bar no tenía mesas y he
pedido mi café. Después de diez minutos esperando, aparece el camarero y cuando
le digo…¡¡¡hombre ya pensaba yo que habías ido a Colombia a por el café!!! Va y
me contesta…Más vale tarde que nunca. Y se va.
Me dispongo
a tomar mi café, ¡¡¡por fin!!! Y al mirar veo que tiene un pelo. Le digo al
camarero… ¡¡¡oiga, aquí hay un pelo!!! Y el tío sin inmutarse me contesta…
tampoco es para tanto guapa, que ya se sabe que dónde hay pelo hay alegría.
¡¡¡Qué
alegría ni que coño!!! Tráigame otro café ahora mismo y esta vez, no hace falta
que vaya a ver a Juan Valdés que tengo prisa.
Se me queda
mirando y todo pancho me dice…Tampoco es para tanto. Vísteme despacio que tengo prisa.
Me le quedo
mirando y le pregunto. ¿¿¿Me piensa contestar a todo con refranes??? Y me dice….Ya
sabe, hombre refranero, hombre medido y certero. …Y la verdad señora, quien se
pica, ajos come.
¡¡¡Ay que
joderse!!! Yo solo quería un café y ahora no quiero ni café ni vivir ni na de
na. Me pongo el abrigo y cuando voy a salir por la puerta sale de la barra y me
dice…A enemigo que huye, puente de plata.
Me le he
quedado mirando y le he dicho… Desde luego… si ya lo decía mi abuela, que al
buey por el cuerno y al hombre por el verbo.
¡¡¡Y se me
ha ofendido!!! Yo media hora aguantando sus refranitos y cuando voy yo y le
digo uno va y se me ofende. ¡¡¡Abrase visto!!!
Que el tío
ni corto ni perezoso se me queda mirando el escote y me dice con tono de burla…
A la vuelta de la esquina pueden solucionar su problema, porque ya se sabe que
teta que no abarca la mano, no es teta si no grano.
¡¡¡Eso si
que no!!! Le digo... ¿Qué quieres? ¿Refranes? ¡¡¡Pues te vas a cagar!!!
…Y ahí
empezó todo señor juez. Yo decía uno y él otro. Por ejemplo yo decía…Pensamientos
de hombre pobre, pedos de borrica vieja. Y él me contestaba…La mujer y la
sartén en la cocina están bien.
Yo no tenía
intención de agredirle, lo juro. Es sólo que cuando me dijo muy sonriente que a
la mujer y al papel hasta el culo le has de ver, yo me le quedé mirando y le
dije que hombre largo de pata y estrecho de culo maricón seguro. Y claro se
sintió ofendido y me agarró del culo
para demostrarme su hombría. Intenté zafarme, pero no pude. Así que me acordé
de lo que siempre me dijo mi abuela.
“Hija, no
existe hombre grande que resista patada en los albaidas bien dada”.
Y puse en
práctica el refrán.
Soy culpable
señor juez, lo admito, pero recuerde que juez mal informado, fallo desacertado.Que justo es el mal que viene,
si lo busca el que lo tiene. Qué no hay palabra mal dicha si no es mal
interpretada y que de sobra es sabido que de puta a puta… taconazo.