
No recuerdo la última vez que vi la luz. No estoy diciendo una imagen, una casa, una flor o algo tan trivial como un coche. Estoy diciendo la luz. Ese resplandor que recibes cuando sales de un lugar oscuro o la claridad que notan los ojos cerrados en una siesta una tarde de verano.
¿Sabes? Los tengo siempre abiertos, mirando con la mente lo que no puedo percibir con mis ojos.
Yo escucho un sonido o un ruido e intento ponerle forma. El ladrido de un perro, el agua que gotea de un grifo mal cerrado, el susurro de una voz…
Es curioso, pero la pérdida de nuestro primer sentido, hace que los cuatro restantes, se multipliquen. De repente, un día, notas que percibes el breve rumor de una mariposa, que las manos son capaces de distinguir mil texturas diferentes, que tu sentido del olfato es capaz de competir con el de un sumiller, que puedes descubrir los diferentes matices de un beso.
Nos llaman invidentes, pero quizás yo veo más que tú, porque veo lo que tú no ves y siento lo que tú no sientes.
Pero es verdad, no consigo recordar la última vez que vi la luz.
Quizás fue un amanecer o una puesta de sol. O quizás no fuese tan romántico y simplemente fue la luz de una bombilla balanceándose en el techo.
Pero hay algo en lo que tú y yo seguimos siendo iguales.
Yo también lloro. A pesar de mis ojos vacíos, más lágrimas también brotan saladas.
Tú quizás lloras por un amor que perdiste, o por un recuerdo olvidado o por cualquier cosa… y yo a veces lloro, porque simplemente no recuerdo la última vez que vi la luz.
Os dejo una pequeña aportación que ha querido hacer mi hija Débora. Espero que os guste...
Luis era un niño que con 12 años tuvo una enfermedad y se quedó ciego. Sus padres estaban preocupados porque casi no tenía amigos y cuando está en el colegio no tiene ningún amigo ese niño cumplió 17 años. Y empezó a recordar los bonitos paisajes sobre todo a sus padres no recuerda cómo eran solo sabe k son unas personas muy queridas y muy alegres y a veces tristes y que ellos también tienen sentimientos como él.
Se propuso una cita a ciegas pero resultó que la chica no era ciega y le podía ver. Entonces se dijo así mismo… ¿cómo voy a tener novia si no veo? pero por si acaso se cogió unas gafas negras por si acaso no era ciega y le veía y se asustaba o no querría salir con el...
A las 18:00 vino Luna la chica que le llamó y se fueron a tomar algo y le dijo k si se podía quitar las gafas para poder ver los ojos tan bonitos que tenía. Luís dijo a Luna que no quería porque si no, no saldría de novios con él. Entones le quitó las gafas cariñosamente y vio que era ciego y Luis dijo que él no podía salir corriendo de la pena que le daba no poder salir con ella porque igual ella no quería salir con él. Entonces Luna dijo a Luis que la daba igual que fuera ciego y que solo la gustaba lo buen chaval que era y Luis dijo a Luna que era muy amable por su parte pero que si no quería salir con el que no pasaba nada pero la chica le dijo que sí que quería salir con el entonces
....Pasaron 6 años y Luis ya no era ciego porque le habían operado. Luis vivía ya con su mujer Luna y con sus 2 gemelas Susana y Gabriela. Luis y Luna ya tenían 23 años y las pequeñas de la casa 1 día.
Luna y Luis vivieron felices y comieron perdices.
ES MARAVILLOSO. ME EMOCIONÉ HASTA LAS LÁGRIMAS
ResponderEliminarCUANTA VERDAD EN TUS PALABRAS
TODO LO QUE TENEMOS Y NO SABEMOS APROVECHAR
Y UN FINAL INCREÍBLE
SALUDOS
Muy bueno, Inma. Me has llenado de color el día.
ResponderEliminarUn beso.
Escribir. Ponerse en el lugar de alguien que no ve, es algo difícil pero a la vez increible y emocionante. Es impresionante cuanto tenemos y no apreciamos. Besos
ResponderEliminarLiwk. Me alegra haber contribuido a poner un arco iris en tu día. Un beso
Preciosos los dos, muy conmovedor. Me ha encantado.
ResponderEliminarUn besito
Muy logrado y muy emotivo lo tuyo Lo de tu hijo, una dulzura absoluta que llega al corazón, directo-directo!!
ResponderEliminarBesotes
Maru, me alegra mucho que te guste el de mi niña, no veas con que ilusión lo ha escrito...
ResponderEliminarUn beso
Cas. yo solo he tratado de tener un poco de empatía con un ciego y mi niña ha escrito lo que la brotaba del corazón. Gracias en su nombre.
Un besazo
La eterna pregunta ¿que es major, nacer ciego o haber podido conocer la luz?imagino que será cuestión de aceptación. Lo que es indudable es tu última afirmacion... mis ojos también lloran.
ResponderEliminarLa aportación de tu hija... encantadora, es fantástico que haya sentido el impulso de aportar sus emociones.
Un beso
Es verdad que los ciegos desarrollan más los otros sentidos que nosotros, supongo que es normal al faltarles uno. Lo has esplicado muy bien.
ResponderEliminarTu hija va para escritora, ha escrito una historia muy bonita y tierna.
Un beso
Carmen
Manuel no se que será mejor pero puestos a elegir, casi mejor nacer porque ver y quedarte ciego tiene que ser horrible. De todos modos, las dos opciones tienen que ser duras y dolorosas. Gracias por leer la aportación de mi hija, la gusta mucho escribir y no hace más que preguntarme que si os gustaría...
ResponderEliminarUn beso
Carmen. Es como si se les multiplicaran por mil, es que incluso saben quien llega por su olor, a mi me dejan impresionada. En cuanto a mi hija, yo la animo, la gusta mucho y tiene mucha imaginación.
Un beso
empiezo por la sutileza de tu texto...siempre he tenido la impresión, cuñada, repito, siempre, que cuando quieres, y son muchas las veces que quieres, escribes directa al sentimiento y con una carga de esas de prfundidad. siendo tu texto de una sencillez escalofriante o maravillosa, con esa misma sencillez logras llegar por el camino más corto al corazón. al menos, al mío, has llegado.
ResponderEliminarleo a dévora...
dévora, le manda ...ejemmm...no sé cómo son tus ojos, de qué color son, quiero decir, pero seguro que son del color de la preciosidad, seguro que son tan bonitos como esta historia que nos has contado...
medio beso, cuñada...
un besito, dévora.
desde luego esta claro que de casta le viene al galgo...muy bien a las dos.
ResponderEliminarCuñado. Este tema me llegó bastante y me fue fácil ponerme en su piel ya que tengo un buen amigo que tiene una enfermedad degenerativa y se ha quedado ciego con 42 años. Poco a poco se le ha ido desarrollando el sentido del oido no te imaginas de qué manera, el del olfato está empezando pero el del oido te asombrarías.
ResponderEliminarY Débora... estaba nerviosa porque no sabía si os iba a gustar su cuento, pero no veas con qué ilusión lo escribió. Por cierto, sus ojos son azules cuñado.
Un beso enorme
Prima, si es que de tal palo tal astilla jeje. Gracias por pasarte a leernos.Un beso
He disfrutado cada una de las palabras de tu relato, asi, con un pellizco en el estomago. Yo no he sido capaz de escribir nada.
ResponderEliminarUn beso enorme a tu hija por esa carga de amor que ha plasmado en la historia.
Un beso, amiga
Quise volver a felicitar a Débora, porque realmente es conmovedor que las nuevas generaciones demuestren tan exquisita sensibilidad...
ResponderEliminarbesotes
Superar las limitaciones que nos impone la vida -algunos con más carencias- demuestra la voluntad de nuestro espíritu al enfrentar los más difíciles trances.
ResponderEliminarTanto tu relato como el de tu pequeña hija nos hablan de esa fortaleza.
Saludos de juevera rezagada!
Precioso texto, conmovedor y real como para dar que pensar. ¿Qué mérito tiene poder ver, si tan sólo miramos?
ResponderEliminarFelicidades a Débora, por su texto, sencillo y solidario.
Besos
Los invidentes verdaderos no son aquellos que ven desde todas las sutilezas posibles, como nos describes, Brujita excelsa, visión nocturna más allá de la luna o de la plateada mar inventada.
ResponderEliminarEl cuento de Débora es fresco, es auténtico, es una maravilla entre el mundo adolescente y los sueños posibles, colorín colorado, se acaba bien y me gustan estos colores.
Felicitaciones madre y niña, de tal palo tal astilla. Besitooos a repartir.
Rosa, no siempre somos capaces de escribir, a mi me pasa a menudo...
ResponderEliminarGracias en nombre de Débora. Un beso
Cas, a Débora la encanta escribir y y fue increible verla hacer su cuento en cinco minutos y con tanta ilusión. Gracias en su nombre. Besosssssss
Neogéminis. La fortaleza es algo que se adquiere con el paso del tiempo y te ayuda a vivir incluso en las peores situaciones. Un beso
Alfredo, siempre he dicho que no hay mejor ciego que el que no quiere ver y por desgracia este mundo está lleno de ciegos voluntarios que no ven más allá de sus narices.
Un beso
Natalia.Los invidentes verdaderos son los que no quieren ver con el corazón, esos si son invidentes pero voluntarios.
Débora siempre le pone final feliz a sus cuentos, me encanta ver cómo mi niña tiene aún la inocencia que poco a poco se pierde con los años, me encanta que piense que todo es posible de conseguir y si en mi mano está, haré que siempre consiga todo l oque se proponga.
Besossssssssssss
Me gusta esa sutileza de que el relato ronde la sencilla pregunta de ¿cuando fue la ultima vez que vi la luz?, como para cualquiera es: cuando vi por última vez las llaves, las gafas, etc.
ResponderEliminarHermoso y directo a la fibra sensible Inma! Y felicitaciones a Debora por su sensibilidad.
Besitos
Ceci
Inma, tu relato es muy cierto, además de hondo y sentido. El final, tremendo.
ResponderEliminarPara Débora la bienvenida y felicitaciones, ha escriyo un bonito cuento.
Besos para las dos.
Ceci,para alguien que ha visto la luz, quedarse ciego y no volver a verla, es duro de asumir, tu puedes perder tus llaves, tus gafas como tu dices, pero sigues viendo la luz, el sin embargo está condenado a la oscuridad.
ResponderEliminarUn beso
Juan Carlos, No cabía otro final.
Gracias a los dos ne nombre de Débora. Esto para ello es un aliciente muy grande.
Besossssssssss
Lo que mas me ha gustado es que tu hija aprenda a que hay otras personas que a pesar de no tener todos los sentidos forman parte de este mundo,,,ojala que haya muchos niños en este mundo con una familia que le haga comprender que el mundo es de todos.
ResponderEliminarBeso
Has bordado el relato, sencillo y directo al alma, ese es el don de tus dedos, saber llegar al alma sin a penas decir nada, o diciéndolo todo, quien sabe... mi sobrina goza de la inocencia y el fueron felices y comieron perdices de los cuentos de nuestra infancia, espero, que nunca, a pesar de todo lo vivido pierda esa maravillosa inocencia, miles de besossssssssssssssssssss
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