
Nos conocíamos hacia años y aunque vivíamos en la misma ciudad, nuestras vidas eran incompatibles.
La primera vez que hicimos el amor fue en esa misma cala y como único testigo teníamos al cielo lleno de estrellas que iluminaban nuestros cuerpos desnudos. Desde esa noche, todos los años quedábamos ese mismo día para volver hacer el amor en el mismo sitio. Así llevábamos diez años.
Durante el resto del año, ni una llamada, ni un mensaje, ni un café y si por un casual nos cruzábamos por la calle, pasábamos de largo como dos completos desconocidos, sin tan siquiera mirarnos, pero ambos deseando que el tiempo pasara y llegara nuestra noche para amarnos sin medida.
Aprovechábamos al máximo nuestra noche, teníamos que hacerlo ya que en cuanto salía el sol, él desaparecía y solo quedaba de esa noche el recuerdo y un colgante plateado de una bruja sentada en la luna y a sus pies, una piedra rosa pendido de mi cuello. Era su manera de decirme que me esperaba a la misma hora y en el mismo sitio al año siguiente. Yo tenía que llevar puesto el colgante todo el año, y el día antes de nuestro encuentro, debía quitármelo y dejarlo en una consigna de correos. Ese era el trato. Dijimos que nunca nos diríamos adiós, que llegado el día en el que nuestra historia se acabara, uno de los dos no devolvería el colgante. Entonces, sólo entonces, sabríamos que esa sería nuestra última noche juntos.
Faltaban apenas veinticuatro horas para volver a verle. Estaba ansiosa. Hacía tanto que no sentía sus caricias… Y aunque el aroma de su piel estaba tatuado en mi piel, necesitaba volver a besarle fervientemente para volver a sentirme viva. Me dirigía a correos con mi colgante, con mi pasaporte a una noche más de amor eterno, cuando algo me detuvo. No puedo explicar muy bien qué fue. Sólo diré que no fui capaz de desprenderme de mi brujita rosa. Llevaba diez años en mi cuello colgada, solo me la quitaba veinticuatro horas, pero esta vez no pude desprenderme de ella porque cuando intente hacerlo empezó a faltarme el aire y es que mi colgante, mi brujita rosa, no era solo mi pasaporte hacia una noche inolvidable, era desde hacía años, parte de mí.
Esa noche, en esa cala del Sardinero, supe que nunca más le volvería a tocar, a sentir, a besar, a amar. Supe que nuestra historia de amor se había terminado y supe que jamás volvería a enamorarme. Pasamos la noche desnudos, bajo la luz de la luna más grande y más llena que jamás mis ojos habían visto, haciendo el amor desenfrenadamente, sin mediar palabra, pero sabiendo los dos que esa era nuestra última noche. Me quedé dormida casi al amanecer, entre sus brazos, con la luna y el mar, nuestro mar como únicos testigos tal y como venía haciendo los últimos diez años y, cuando desperté, supe que todo había acabado, que jamás mis labios rozarían los suyos nunca más. Me toqué el cuello y el colgante había desaparecido. Me levanté de golpe. Empezaba a faltarme el aire, necesitaba el colgante para poder seguir con mi vida, esa vida que yo odiaba pero que no podía dejar y me di cuenta que a mi lado había una nota que decía…
“Sólo si me amas, recuperarás lo que un día te di. Búscalo como solo tú sabes hacerlo, con los ojos del corazón”
Llevo ocho años sin verle, sin sentirle… No he vuelto a cruzármele por la calle. Todos los años vuelvo a nuestra cala a la misma hora y el mismo día y me quedo dormida esperándole aunque sé que él no vendrá.
Este año, no podré asistir a mi cita, me voy de crucero, no se… Algo me dice que hoy voy a volver a respirar.
Más playas donde JUAN CARLOS
romantico ,sencillo y profundo como acostumbras a escribir.muy bonito.me ha encantado Inma.un beso .
ResponderEliminarMuchas gracias prima. Y que conste que el colgante existe.. Un beso
ResponderEliminarromántico como pocas cosas no? y soñado viaje para regresar diferente...con nuevos aires romanticos... beso!
ResponderEliminarGastón. Es un viaje de reflexión, de encontrarse a una misma... un viaje especial. Besossss
ResponderEliminar¡Qué buena historia! Original y bien contada. Me encantó.
ResponderEliminarGracias
¡Preciosa! Soy incapaz de ponerme en el sitio de la protagonista con la razón, pero sí con los sentidos...
ResponderEliminarPero al final, ha aprendido que no hay que vivir DE recuerdos sino con LOS recuerdos.
Un besito
Hay una película en que Alan Alda y Jane Fonda se encuentran cada año en una estación de esqui para rememorar su primera noche, muy buena.
ResponderEliminarLa tuya es diferente, no me gusta el tipo, creo que el final es feliz en cuanto ella se desengancha al no entregar el colgante. Pienso que la relación perdia simetría cuando la prueba la ha de poner ella.
Besos Inma. Sigue en los jueves, eres una referencia insustituible.
Gambetas. Me alegro que te guste, está escrita con el corazón. Un beso
ResponderEliminarMaru. Bienvenida a mi casa, pasa y ponte cómoda. Yo tambien vivo de LOS recuerdos,pero no los convierto en un lastre, eso no sería bueno. Un beso
Juan Carlos, no la he visto, pero la veré. La verdad que ese colgante la tenía prisionera, por eso ella al final no le devuelve. En cuanto a seguir en los jueves, me encanta participar y seguiré haciéndolo siempre que me sea posible. Un beso enorme
Inma!!! Muy buena historia, apasionante hasta el final... es bueno que ella pudiera seguir adelante para volver a respirar... :0) Besotes!!!
ResponderEliminarAmor embrujado, Brujis mía, con sortilegio y misterio apasionado. Te encontraba a faltar, Imma, y este relato sensual, triste pérdida, me deja un regusto de cuento, de leyenda inventada en la orilla de una mar soñada, regusto a besos últimos, a pieles saladas, a promesas difíciles, gusto a yodo, luna, espumas, testimonios de un amor que se pierde como un colgante mágico, como un corazón roto.
ResponderEliminarBesitooo saladito.
Uy! cuanto romanticismo! Como me amenizan tus palabras la pérdida dolorosa del final. Pero queda la esperanza, y la espera.
ResponderEliminarBesito Inma
Ceci
Mari, siempre hay que seguir adelante, para atrás ni para tomar impulso. Besossssssss
ResponderEliminarNatalia, hay amores que se tatuan en la piel y no se borran jamás. Sigues con tu vida y duermes ese sentimiento, pero no muere... Un beso de brujis
Ceci. La esperanza es lo último que se pierde o por lo menos eso dicen.... Besosssssssss
Qué alegría verte, Inma,qué conenta me pone leerte y ver tu contribución a esta maravillosa causa juevera. En cuanto al relato, me erizó, me conmovió, y me llevó por tus recónditos lugares que son tus recuerdos y tu fantasía y esa forma tan poética de contar el amor.
ResponderEliminarSi es que te vas de crucero.... que lo disfrutes y si ha de ser así, que lo vuelvas al encontrar: al caballero de la playa o al amor de tus sueños.
besos y abrazo
Dejó de arrastrar el recuerdo de una sola noche. Vivir el presente sin añoranzasue que impidas disfrutar del presente. Libre seguro que volvera ese reencuentro. Lindo relato y un gustazo tenerte de nuevo aquí.
ResponderEliminarUn abrazo.
Amor bajo el cielo libre, junto al mar...quién no ha soñado con una aventura amorosa tan especial como la que se puede dar en ese contexto!
ResponderEliminarHay relaciones que no son para siempre, pero para siempre son las huellas que nos dejan.
Hermosa historia la de tu playa!
Saludos, de otra juevera!
Me encantan las historias de amor, aunque ya se sabe que amor y dolor no solo comparten la terminacion de la palabra. Bienvenido brujita te echaba de menos. Te deso lo mejos. Besotes
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