
Tengo tendencia a la melancolía. Quizá incluso a la tristeza. Soy tremendamente reflexiva, introspectiva, crítica, y me como mucho la cabeza. A veces le doy a las cosas una tuerca de más, puede incluso que me pierda en algunos pensamientos.
Soy terriblemente exigente conmigo misma, muy perfeccionista, y eso unido a mi inseguridad y baja autoestima, hace que casi siempre tenga una sensación frustrante de no hacer nada como me gustaría. Aunque asumo que mi perspectiva sufre un desequilibrio. Sé que soy capaz de tergiversar mi mundo.
Puedo ser la persona más caótica, complicada y desequilibrada del mundo por un instante, pero siempre tengo conciencia de mi misma.
Tengo la misma facilidad para llorar que para reír. Tengo muchísimo sentido del humor. Puedo ser ácida, sarcástica y corrosiva hasta el extremo. Y siempre soy capaz de entender que me excedo conmigo misma, aún cuando rayo la crueldad al juzgarme. Soy voluble, algo lunática, divertida y hasta payasa.
Siempre estoy cuando se me necesita de forma incondicional, pero no sé silbar. No sé pedir ayuda. Quizá porque me enseñaron a ser autosuficiente, quizá porque sé que sólo yo puedo ayudarme.
Ni en mis peores momentos me siento rendida, porque sé que siempre seré capaz de salir de cuantos obstáculos quiera ponerme la vida (es algo que ya me he demostrado), o porque soy una superviviente nata.
Hasta en mis peores momentos salgo adelante. Por eso nunca pierdo el rumbo ni aún cuando no sé dónde quiero ir. Porque puedo tener el camino entre brumas pero siempre seguiré caminando, siempre adelante, no importa si no sé hacia donde.
Soy de tendencia analítica, incluso alguno pensaría que pesimista. Pero lo que gobierna mi vida es el vitalismo. Yo vivo, pese a todo y contra todo pronóstico.
Hay días que mi vida es un completo caos en el que no sé cómo desenvolverme, pero yo siempre salgo adelante. Siempre sobrevivo A TODO. Siempre.
Siempre…
Soy terriblemente exigente conmigo misma, muy perfeccionista, y eso unido a mi inseguridad y baja autoestima, hace que casi siempre tenga una sensación frustrante de no hacer nada como me gustaría. Aunque asumo que mi perspectiva sufre un desequilibrio. Sé que soy capaz de tergiversar mi mundo.
Puedo ser la persona más caótica, complicada y desequilibrada del mundo por un instante, pero siempre tengo conciencia de mi misma.
Tengo la misma facilidad para llorar que para reír. Tengo muchísimo sentido del humor. Puedo ser ácida, sarcástica y corrosiva hasta el extremo. Y siempre soy capaz de entender que me excedo conmigo misma, aún cuando rayo la crueldad al juzgarme. Soy voluble, algo lunática, divertida y hasta payasa.
Siempre estoy cuando se me necesita de forma incondicional, pero no sé silbar. No sé pedir ayuda. Quizá porque me enseñaron a ser autosuficiente, quizá porque sé que sólo yo puedo ayudarme.
Ni en mis peores momentos me siento rendida, porque sé que siempre seré capaz de salir de cuantos obstáculos quiera ponerme la vida (es algo que ya me he demostrado), o porque soy una superviviente nata.
Hasta en mis peores momentos salgo adelante. Por eso nunca pierdo el rumbo ni aún cuando no sé dónde quiero ir. Porque puedo tener el camino entre brumas pero siempre seguiré caminando, siempre adelante, no importa si no sé hacia donde.
Soy de tendencia analítica, incluso alguno pensaría que pesimista. Pero lo que gobierna mi vida es el vitalismo. Yo vivo, pese a todo y contra todo pronóstico.
Hay días que mi vida es un completo caos en el que no sé cómo desenvolverme, pero yo siempre salgo adelante. Siempre sobrevivo A TODO. Siempre.
Siempre…





