
Son las cinco de la tarde del día 16 de agosto de 2009. En la calle hace como 35 grados a la sombra, cosa poco común en Burgos. En mi puesto de trabajo, una cabina de peaje del dos por dos más o menos, no hace tanto calor porque tengo el aire puesto. La tarde está siendo más bien aburrida, con la crisis dichosa, el peaje también se ha resentido y pasan menos coches. Para ser exactos este año en este fin de semana se ha notado una bajada del 25%.
Como no puedo salir de la cabina, pues escucho la radio, hablo por teléfono ¡¡¡MUCHO!!! Y mato el tiempo entre coche y coche como buenamente puedo.
¡¡¡¡Vaya!!! Ahora justo que iba a mandar un sms viene un coche. Serán diez segundos así que…¡¡¡Vamos allá!!!
En el coche va una pareja joven, unos treinta y cinco como mucho. Son portugueses. Me entregan la tarjeta de peaje y me dispongo a cobrarles. Son 9.95.
¡¡¡¡Bien me dan tarjeta de crédito, esto va rápido!!! ¡¡¡Mierda, esta tarjeta no es válida en España!!! Bueno, no pasa nada, les pido otra, me pagan y aquí no ha pasado nada. ¡¡¡Coño y esta otra que me han dado solo es válida en su país!!!
La pareja es portuguesa y habla muy poquito español, más bien nada así que como buenamente puedo, les digo que sus tarjetas no me sirven y que tienen que pagarme en metálico.
Ellos se miran entre si y la mujer me dice que no llevan dinero en efectivo. ¡¡¡¡Vale, la tarde ha dejado de ser aburrida!!!
Sin pagar no puedo subirles la barrera. Les digo que busquen que solo son 9.95 que miren a ver si llevan encima 10 euros, pero ellos insisten que no llevan dinero y que si no pagan con tarjeta pues no pueden pagar.
Esto ya no es cosa mía, así que llamo por el interno al encargado y le explico la situación y este con mucha seriedad (aparente) y mucha tranquilidad (aparente también), viene y verifica la situación.
Después de intentar por todos los medios posibles que la pareja nos pague, los dichosos 9.95 y comprobar que no llevan ni un céntimo en efectivo, mi encargado muy educadamente le dice a la mujer que tiene que ir hasta la ciudad a sacar dinero en un cajero automático, a lo cual la chica le mira aliviada y le contesta que por supuesto. Solo hay un problema y es que la pareja no conoce la ciudad y no sabe llegar a ella.
Mi encargado le indica amablemente por donde ha de salir para dirigirse al destino y cuando la chica se dispone a partir, mi encargado que es un señor muy serio (aparentemente) la frena y la dice que no se puede ir sin dejar una consigna para nosotros asegurarnos que se va a efectuar el pago, no sea que una vez levantada la barrera, la pareja desaparezca y no pague.
Sin problema, la mujer abre su bolso ¡¡¡otra vez!!! Saca su pasaporte y se lo da a mi encargado que muy serio la mira y la pregunta….
-¿Y ESTO QUE ES?
-PASAPORTE – dice ella
A lo cual mi encargado muy serio la mira y la dice…
-NO, NO ME QUEDO EL PASAPORTE, ME QUEDO CON SU MARIDO.
Total, que por 9.95 tuve a un marido de rehén durante cuarenta y cinco minutos de reloj que es lo que tardó la mujer en ir a la ciudad, sacar dinero y volver al peaje a pagar sentado en el suelo, fuera de mi cabina, con cara de perrito abandonado y una mala leche descomunal, ya que solo le faltaba llevar al colgado en el cuello un cartelito que dijese… NO LE ABANDONES, EL NUNCA LO HARÍA.
Como no puedo salir de la cabina, pues escucho la radio, hablo por teléfono ¡¡¡MUCHO!!! Y mato el tiempo entre coche y coche como buenamente puedo.
¡¡¡¡Vaya!!! Ahora justo que iba a mandar un sms viene un coche. Serán diez segundos así que…¡¡¡Vamos allá!!!
En el coche va una pareja joven, unos treinta y cinco como mucho. Son portugueses. Me entregan la tarjeta de peaje y me dispongo a cobrarles. Son 9.95.
¡¡¡¡Bien me dan tarjeta de crédito, esto va rápido!!! ¡¡¡Mierda, esta tarjeta no es válida en España!!! Bueno, no pasa nada, les pido otra, me pagan y aquí no ha pasado nada. ¡¡¡Coño y esta otra que me han dado solo es válida en su país!!!
La pareja es portuguesa y habla muy poquito español, más bien nada así que como buenamente puedo, les digo que sus tarjetas no me sirven y que tienen que pagarme en metálico.
Ellos se miran entre si y la mujer me dice que no llevan dinero en efectivo. ¡¡¡¡Vale, la tarde ha dejado de ser aburrida!!!
Sin pagar no puedo subirles la barrera. Les digo que busquen que solo son 9.95 que miren a ver si llevan encima 10 euros, pero ellos insisten que no llevan dinero y que si no pagan con tarjeta pues no pueden pagar.
Esto ya no es cosa mía, así que llamo por el interno al encargado y le explico la situación y este con mucha seriedad (aparente) y mucha tranquilidad (aparente también), viene y verifica la situación.
Después de intentar por todos los medios posibles que la pareja nos pague, los dichosos 9.95 y comprobar que no llevan ni un céntimo en efectivo, mi encargado muy educadamente le dice a la mujer que tiene que ir hasta la ciudad a sacar dinero en un cajero automático, a lo cual la chica le mira aliviada y le contesta que por supuesto. Solo hay un problema y es que la pareja no conoce la ciudad y no sabe llegar a ella.
Mi encargado le indica amablemente por donde ha de salir para dirigirse al destino y cuando la chica se dispone a partir, mi encargado que es un señor muy serio (aparentemente) la frena y la dice que no se puede ir sin dejar una consigna para nosotros asegurarnos que se va a efectuar el pago, no sea que una vez levantada la barrera, la pareja desaparezca y no pague.
Sin problema, la mujer abre su bolso ¡¡¡otra vez!!! Saca su pasaporte y se lo da a mi encargado que muy serio la mira y la pregunta….
-¿Y ESTO QUE ES?
-PASAPORTE – dice ella
A lo cual mi encargado muy serio la mira y la dice…
-NO, NO ME QUEDO EL PASAPORTE, ME QUEDO CON SU MARIDO.
Total, que por 9.95 tuve a un marido de rehén durante cuarenta y cinco minutos de reloj que es lo que tardó la mujer en ir a la ciudad, sacar dinero y volver al peaje a pagar sentado en el suelo, fuera de mi cabina, con cara de perrito abandonado y una mala leche descomunal, ya que solo le faltaba llevar al colgado en el cuello un cartelito que dijese… NO LE ABANDONES, EL NUNCA LO HARÍA.




